México: en búsqueda de un proyecto de nación (primera parte)

Bandera rojoLa semana pasada estuve en Querétaro para dar el grito. El zócalo –como en la mayoría de las plazas del país—estaba con una intensa seguridad; de hecho, en el Bajío estaba militarizado. Sólo había una entrada a la plaza, pues el resto de las calles estaban custodiadas con vehículos blindados, y en este único acceso se debía hacer fila para pasar por un detector de metales.

Entiendo que el gobierno no puede darse el lujo de ser sorprendido nuevamente como hace un año en Morelia, pero no termina de convencerme esta lógica de estado de emergencia. Por un lado, si alguien realmente se propusiera cometer algún acto criminal, lo más probable es que terminaría haciéndolo sin importar el tamaño del operativo. Más aún, tendría buenas posibilidades de escapar y salir impune. Por el otro lado, lejos de crear una sensación de protección, un despliegue de seguridad tan poco discreto se antoja más bien como un grito de impotencia de la autoridad, es la lógica del fanfarrón: exagerar las formas para desviar la atención del fondo. Sería lamentable el día en que nos termináramos acostumbrando a estas escenas, propias de una ocupación militar, como parte de la vida cotidiana. El ejército es una institución demasiado valiosa y profesional como para asignarle funciones policíacas, que ni son las suyas ni le ayudan en ningún sentido.

Badera centro

La alegría de festejar la independencia, se me ocurre quizá en mi ingenuidad, implica necesariamente ciudadanos independientes del miedo, del miedo a los criminales, y del miedo a una autoridad débil e ineficiente.

Así, las fiestas patrias de este año se dan envueltas en una ácida ironía que parece haber pasado desapercibida para más de un triunfalista, e incluso para los advenedizos que ven en la ruina del país una oportunidad para vivir del presupuesto legítimo.

Bandera verdeUna pregunta sencilla pero audaz: ¿qué celebramos los mexicanos el 15 de septiembre? Muchas cosas quizá, pero ante todo, quiero proponer, celebramos un proyecto de nación: la independencia, el proyecto de ser independientes. Más aún, el próximo año, con los festejos del centenario de la Revolución y el bicentenario de la Independencia, estaremos festejando nada menos que los dos grandes proyectos nacionales históricos por excelencia. ¡Y todo esto justamente cuando el país no tiene proyecto nacional alguno! La escena es tan jocosa como si, el día de nuestro cumpleaños y boda pilláramos influenza porcina. Sería jocoso, pues, pero en realidad es trágico.

¿Cuál es el escenario que tenemos hoy por hoy, ahora que celebramos pues el día de la independencia? ¿Existe en México un gran proyecto nacional que nos unifique y de rumbo, como lo había hace 199 años? Desafortunadamente no; hoy tenemos a lo sumo un ‘discurso’ nacional, y eso, siendo generosos. El gobierno federal ni siquiera está gobernando con la gran consigna con que se presentó a las urnas (el empleo); en lugar de eso, ha lanzado una guerra contra el narcotráfico que, si bien necesaria, no puede ser el eje rector en torno al cual se definan el resto de los temas. La persona menos letrada sabe que ninguna política seria ni ningún país viable se ha definido jamás en función de una guerra. Incluso los personajes más beligerantes y terribles de la historia han hecho de sus guerras un medio y no un fin. El 15 de septiembre, como ya se comentaba, el gran proyecto del gobierno federal parecía reducirse a militarizar los zócalos de todas las capitales, con la esperanza de que no fuera a caer otro par de granadas que terminaran de quitarle las riendas de un país ya desbocado.

3829140270_4d70674895¿Y si no el gobierno, quién va a generar este nuevo proyecto de nación? ¿El partido en el poder? El PAN no ha terminado aún de re-plantear su propio proyecto interno, mismo que parece endeble desde que dejó de ser oposición para convertirse en gobierno, es decir, justo cuando más se necesitaba. O quizá, su proyecto histórico sigue siendo ser la oposición leal, aunque ya gobierne. Ahora lo resuelve todo con decálogos poco imaginativos que, por cierto, van más en la lógica electoral que en la del partido responsable del país. ¿El PRD? Sería interesante, aunque hasta ahora lo más acabado de su oferta política ha sido demostrar –si bien a punta de torpezas y sirviendo el partido mismo de ejemplo– que Calles tenía razón: el México de los caudillos no es viable, se requiere uno de instituciones.

¿Y qué diremos del ‘proyecto alternativo’? Sin duda habrá que reconocer que se ha ganado el adjetivo a pulso, porque resultó tan alternativo que finalmente ha terminado por contraponerse a sí mismo (¡y en tercera persona!). Pobrecillo López Obrador, antes al menos su histrionismo inflamaba a algunos, ahora cuando habla parece que ni él mismo se convence; en las entrevistas y discursos no se le ve como el político ambicioso de antaño, parece más bien un futbolista que acaba de fallar un penal y que se esfuerza por tratar de justificarse ante las cámaras culpando a las condiciones climáticas del campo y el hecho de estar jugando de visitante, cuando lo único que su barra quería era un gol.

En un análisis objetivo, lo cierto es que la legitimidad no es un programa de gobierno, ni con toda la buena fe del mundo. La ficción de la mafia todopoderosa es una denuncia cuando mucho, no un proyecto de nación. La historia del fraude y del ‘no me dejaron ser presidente’ suena más a proyecto personal que colectivo. Y ser contestatario por principio es más una patología que una causa.

¿Qué le queda pues a México en esta dura situación? De entrada, tenemos la fortaleza moral que da la certeza histórica, y esa certeza es una: ya antes México ha pasado tiempos difíciles y ha logrado construir los consensos nacionales y definir un proyecto de estado. En el post de mañana, la segunda parte de este, quisiera recapitular brevemente los momentos históricos en que el país ha conseguido –tanto por virtud como por necesidad— hacerse de un gran proyecto de nación y gobierno, y quisiera también señalar cuales son, a mi punto de vista, las condiciones mínimas para que esto vuelva a ser posible en nuestros tiempos.

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