‘Diálogos’ parabólicos

He estado muy apartado del blog, pero ahora regreso con mucha salud y mucha irreverencia. Inspirado por una reciente publicación de Miguel “Buonarroti” Tovar en su blog (muy polémica para los colegas del Colmex) traigo a cuento esta pequeña anécdota de la universidad. La escena es kafkiana, un verdadera discusión bizantina, y aunque caricaturizada, tan real como que el sol sale por Oriente…

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Si miran mis sandalias, hay tabla, si miran mi barba, hay tabla, si sacan menos de 9, sea quien sea, hay tabla...

La niña está tratando de hacer su exposición en la clase de política comparada, el profesor, ya con algo de disgusto en el rostro (nada nuevo, es parte de su encanto), observa…

— [La niña, frente al pizarrón]: Y bueno, el autor (Sydney Tarrow, si no mal recuerdo) dice que los movimientos sociales tienen un comportamiento que gráficamente se podría entender como una parábola: tienen un gran éxito inicial, muy rápido, alcanzan su clímax, y luego por falta de organización caen igualmente rápido (dibuja una parábola en el pizarrón).
— [El profesor] Eso no es una parábola, es un medio-círculo
— [La niña, con risita juguetona, tratando de apaciguar al profesor] Ok, jaja, sí es parábola profe, pero mire, no importa, la borro del pizarrón, sólo la puse para ejemplificar; entonces, los movimientos sociales…
— No, espérese ahí, de aquí no nos vamos al descanso hasta que no admita usted que es un medio-círculo.
— Está bien, es un medio-círculo, no es parábola.
— No me den por mi lado, quiero que estén convencidos de que no es una parábola, yo tengo razón en esto.
— [Sale alguien a defender a la compañera, que no quería ser defendida]: bueno profesor, con todo respeto, yo matemática y analíticamente le puedo demostrar que es una parábola, se la grafico en el pizarrón, mire, la fórmula de una parábola es…
–No, yo tengo razón…
— Pero es que no es cosa de que usted o yo tengamos razón, matemáticamente es una parábola.
— No, no es…
— Pero profesor, las matemáticas…
— Que no es parábola, hágame caso y ya, no es parábola, (poniéndose rojo, con la vena-esa-de-la-frente toda inflamada, y apretando el plumón en su mano).
— Bueno, disculpe, está bien, le hago caso, no es parábola.
— ¡Qué no me den por mi lado!
— [Todo el salón, voz bajita] uuuh que la chin’…
— ¿Qué dijeron?
— No, nada, que quizá nos equivocamos profesor, sí es semi-círculo.
— “Medio”-círculo.
— Eso.
— No, no, no, nada de que “eso”, su geometría euclidiana es pésima, no se cómo entraron aquí.
— [Algún valiente, que no ha entendido que el horno no está para bollos]: profesor, la geometría euclidiana está ampliamente rebasada en este punto, de hecho, para el estudio de las parábolas, justamente hay una rama, geometría hiperbólica, que niega supuestos tradicionales euclidianos, creo que lo que usted dice no aplica…
— ¿Qué dijo usted?, ¿quiere que lo saque de mi clase? Si tanto sabe hubiera estudiado matemáticas, esto es una clase de política comparada, no de ciencias…
— [Y otra vez la mula al trigo, socarronamente]: por eso profesor, es clase de ciencias políticas, no importa si es o no parábola…
— Sí, importa mucho, porque yo tengo razón en esto.
— [Alguien por ahí, en las mesas del fondo]: ‘nche loco…
— A ver a ver, usted, ¿qué dijo?, pásese acá al frente donde pueda verlo.
— No, profe, nada, que no es parábola, ya entendimos.
— No no, no, a ver, ya, a ver, salgan cinco minutos al descanso, porque al regresar vamos a volver a este punto que es muy importante, porque no quiero que se queden con la idea de que es parábola, es un semi-círculo.
— [Otro osado, más leña al fuego]: ¿no que “medio”-círculo…?
— [El profe]: “eso, eso”.
— [Un osado más]: Jajajajaja, ¿“eso”?, ¿no que no?
— A ver, usted, ¿se está riendo de mí? Porque déjeme decirle que en su exposición no le fue tan bien, y aún no la califico, así que mejor no me contradiga…
— [El osado, conteniendo una carcajada de “me vale un sorete, ya hice cuentas y por lo menos 8 sí saco”]: disculpe profesor.
— [El profesor, orgulloso de que con su gran poder ha logrado una disculpa de su humilde discípulo]: así está mejor, pero continuemos, la parábola…
— [La niña, desesperada]: profesor, mire, yo sólo quiero terminar mi exposición, si seguimos con esto no me va a dar tiempo, y me falta un buen, lo de la parábola no tenía importancia, sólo era un ejemplo, disculpe, lo podemos obviar.
— No, no, no, no, no, no, nooooo. Yo tengo razón en esto, ¡yo tengo razón!, no es parábola.
— [Todos, voz baja] Pt’amadre con este ca…
— ¿Qué? A ver, ya basta, ya salgan 5 minutos al break, ya se los estoy contando.
— [La niña] ¿Y mi exposición?
–La pasamos para la próxima clase, lo importante ahora es que se den cuenta de que no es parábola… ya, ya, salgan a su descanso y regresen rápido, ya les quedan nada más tres minutos y medio.
— [Todos] Uta!

Afortunadamente, hay que decirlo en descargo, esta situación obedeció más a la particular mentalidad y limitado criterio del personaje en cuestión, que a un patrón generalizado de las clases de El Colegio, que son de una calidad excepcional. Y sí, querido profesor, era parábola:

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